El 1×1 mendocino: Lucho González

Repasamos el Mundial de Lucho González en Misiones. Fue un motorcito cuando la selección lo necesitó y cumplió. Ah, ganó su segundo Mundial. ¡Al ángulo!

El gran Lucho Gonzalez. El hombre de Alemán B. El emblema del equipo de Guaymallén. El ya una vez campeón del mundo con la C-20 en Chile. El que siempre cumple. El que hace ese trabajo silencioso. El que va al ataque y defiende. El poco valorado por los “neohinchas”, pero el que sabe de futsal lo banca y entiende que es un verdadero crack.

Convirtió un gol en el debut de la Selección Argentina contra Australia, después medio gol más (le pegó un tiro rasante al segundo palo pero no sabemos si fue en contra o no) y, luego de eso, se encargó de ser ese motorcito que corría por toda la cancha ayudando en ataque y defensa.

“El Mundial lo disfruté mucho. Fue un proceso largo de muchos días entrenando para lograr el objetivo, iba a ser muy injusto si el campeonato no quedaba en casa”, sentenció Lucho. Y después agregó: “Tuve la suerte de ser campeón del mundo con la C20, pero dentro mío sabia que quería ir por más, por algo más grande”.

Ahora, el jugador de Alemán y también profe de las inferiores tiene objetivos para cumplir: quiere recibirse lo antes posible y disfrutar de una vida profesional en Europa porque piensa que “es la edad justa para hacerlo”.

Y guapea: “Si me apuras un poquito, ya quisiera jugar otro Mundial para ganarlo, ja”. Dos mundiales jugados, dos ganados. Un crack.